Matrix, Brian Adams, mechas rubias y café
Llego a casa, claro, he llegado, estoy en ella ahora mismo. Qué mala es Matrix 2, ese momento baile me dan ganas de vomitar. Y esa escena de sexo de mentira con música dance. si me preguntan por dos cosas malas hablaría de Brian Adams y Matrix 2. He dicho que estoy en casa, he llegado del trabajo, me he sentado delante del ordenador para...no sé. Matrix 2 es tan mala que no puedo pensar en nada más. He cerrado las ventanas de la sala de estar, ¿quién coño le puse ese nombre a esa sala?, ¿cuando no hay nadie en la sala se sigue llamando la sala de estar?, ¿estar para qué?. Creo que la culpa de todo la tiene Matrix 2. He llegado del trabajo, me siento cansado, no huelo a cocina y mi pelo no es limpio y sedoso. El verano se acaba, o eso dice la gente en la calle, me meto en una cafetería. A mi lado una mujer de aspecto dejado, pero no dejado de que no se lava, dejado de que la han dejado allí en ese bar porque no la quieren en su casa. La mujer juega con un paquete de tabaco en la mano, habla con la camarera de aspecto también dejado pero con mechas rubias en el pelo, no del coño. A medio café, no muy bueno por cierto; un hombre corriente de la calle con bigote y dientes amarillos brillantes entra en el bar. Se sienta entre la mujer que juega con el paquete de tabaco de aspecto dejado pero que se ducha y yo,- pongo yo porque también se sienta a mi lado, ósea, que queda a mi izquierda, bastante pegado a mí, pero sin llegar a rozarme, ¿por qué tengo que poner todo esto solo para decir que ese hombre de los cojones entró en el bar y se sentó a nuestro lado?. El hombre pide una cerveza de botella, se siente triste y nos lo hace saber. También nos comunica que cada vez oscurece más pronto: la señora dejada, la camarera con mechas y yo, miramos a la calle para ver que era cierto lo que decía el hombre del bigote.- No me gusta el invierno porque los días son muy cortos y no se puede hacer nada.- dijo con una voz apagada; la señora dejada dijo lo mismo pero con palabras más profundas, casi de escritora de revistas que regalan en los metros, - la verdad es que si, es muy triste ver como el verano nos deja. Yo no dije nada, no me quería meter en una conversación de semejante tamaño porque no sabia si podría salir vivo de pensamientos tan profundos así, sueltos al azar como gaviotas volando, ¿gaviotas?. La camarera con mechas tras la barra, sin mucho trabajo por hacer porque en el bar solo estábamos nosotros, sin muchos libros leídos pero con muchas revistas ojeadas en la peluquería mientras esperaba sus nuevas mechas nos dijo su mejor frase, a mí me da igual que sea verano o que sea invierno, yo tengo que trabajar igual y me da igual que oscurezca más tarde o más pronto, las camareras no tenemos tiempo para hacer nada. Me terminé el café, con el sabor aun pegado en los labios salí por la puerta recordando las verdades que había dicho la camarera con mechas, entonces pensé que la gente con mechas tiene pensamientos más profundos cuando se trata de hablar de según que cosas. No sé si tenia algún sentido mi teoría de las mechas. Me metí en el coche y conduje hasta casa pensando en la camarera. Entré en el piso y me encerré en la habitación, me metí en la cama, apagué la luz, todo se hizo muy oscuro, quizás por culpa de la llegada de septiembre. No lo sé.


Teresa Alarcón Rodríguez dijo
Todos estamos acostumbrados a ver lo que la vida pretende mostrar vidas perfectas, casas prefectas, cercas de madera y ventanaas azules-como vi en lugar no me acuerdo donde- un buena mascota.... lo que no ve la gente, lo que no vemos todos nostro es quien hace la comida de nuestras preciosas mascotas, quien pinta nuestras ventanas, quien trabaja día y noche dentro de cuatro paredes junto con muchos otros que no saben que hacer para sobrevivir en una sociedad que todo lo compra con dinero, esas personas ya no distinguen la noche del día son las personas que por sol conocen a miles de lamparas.
10 Septiembre 2007 | 10:48 PM