fugaces segundos amargos destrozan mi felicidad pasajera. Vuelvo de nuevo a las jodidas oficinas de los cojones y allí me dan una jodida puta copia del papel de mier
Me levanto tarde, tengo un montón de cosas que hacer, es lunes, hay que hacer todas esas cosas importantes que se hacen los lunes. llego hasta el coche, ha llovido mierda y el coche está color marrón. Debe haber llovido tierra color mierda durante la noche. Entro en el coche y le doy al botón ese donde debería salir el agua ese que suele limpiar esa parte del coche que sirve para ver lo que hay de frente; claramente no reviso los niveles del agua,...la ultima vez que lo hice fue hace un par de años y era el anterior coche.
En las chupis tareas de hoy tengo que ir a las oficinas de mi antiguo trabajo para buscar el papel de la declaración,- ¿de independencia?,- no, de la renta, eso llamado hacienda, esa cosa que todos tenemos que pagar y no tenemos muy claro por qué si cada año seguimos siendo pobres, ahhh coño, claro, era por eso.
Al entrar en la oficina de recursos humanos de mi anterior empresa me pongo a pensar a la vez que me entran ganas de vomitar, ¿Quien se invento eso de recursos humanos?, no he llegado a conocer a ningún ser humano en todos estos años, venga ya hombre, me cago en vuestras putas madres.
Después de equivocarme de puerta y acabar en una caldera extraña de un hotel, por fin doy con la verdadera puerta de la oficina. ¿No había otro sitio libre para poner una oficina para el personal que no fuera también dentro de un puto hotel de mierda?. Me acerco al mostrador, es como una barra, las oficinas son como un bar pero son oficinas, nunca he entendido muy bien lo de la barra en medio, tendrán miedo a que el personal muerda a los oficineros. que trabajo más triste ser oficinero,....es solo un apunte.
Les pido mi papel a los chicos de la oficina. Una señora con la cara arrugada y cuerpo flácido me dice que ese papel no lo tienen en las oficinas, me dice que está en el hotel;- mierda, joder, tendré que pasar por mi antiguo hotel, veré de nuevo a esa...mmmmm, ¿guarra?. Esa gran señora que cobra una buena pasta pero siempre lleva la misma ropa.
Entro por la puerta del hotel y es como pasar por una puerta mágica del tiempo, como en esa película “Estargay”. Entrar en el hotel es como entrar en el hotel en los años 60, 70, 80 y ahí se quedaron, en esa estética tan poco guai. La música de barco invade mis orejas peludas y me acerco hasta la otra barra, la de la recepción. La directora está hablando con una pareja de alemanes setentones, con el pelo blanco, vestimentas amarillas y colores crema, como todos los alemanes del planeta de esa edad con esvásticas tatuadas en sus brazos. La directora termina de hablar con los alemanes; nuestras miradas se cruzan y se funden en un solo uno,- un no sé qué dulce y chispeante como una patada en los cojones; claramente ella no tenía ganas de verme, yo lo mismo. No hay abrazos, ni besos, ni un ,- ¿cómo estás?, pues yo te veo igual de mal y todas esas cosas.- cuanto te hemos echado de menos todos estos meses que has estado fuera, joder, esperamos ansiosos que vuelvas a trabajar con nosotros, esto tenemos que hablarlo. No nos querrás dejar todo el verano sin tu presencia tan maravillosa. ¿por qué no pasamos a mi despacho y me comes un poco el coño en posturas diferentes a cual más complicada encima de mi escritorio?.
yo: Lo siento pero es que tengo un guevo de cosas que hacer hoy, vengo a por mi papel para la declaración. - La muy puta se pone en la búsqueda de el puto papel entre un millón de papeles que saca de un cajón,- pasa sus dedos a gran velocidad, practica supongo, del millón de pajas que ha tenido que hacer para estar en el puesto de directora de un hotel de mierda. - Me dice que el puto papel no está, que vuelva a las oficinas porque el papel tiene que estar allí,- pero es de allí de donde vengo le digo yo a ella con mi poca sangre. Salgo del hotel con las manos vacías y la tristeza en los pies, en dirección a la puerta veo la entrada de la puerta del comedor, en ella está un triste camarero preparando extraños batidos o yo que se que cojones en una extraña maquina de color naranja; por un momento me imagino yo en su puesto, fugaces segundos amargos destrozan mi felicidad pasajera. Vuelvo de nuevo a las jodidas oficinas de los cojones y allí me dan una jodida puta copia del papel de mierda de la puta declaración de los putos cojones. Salgo de las oficinas y voy al curro dirección aeropuerto, escucho música de esa de rock ruidoso de artistas que se suicidan en la ducha antes de los treinta. durante el viaje pienso en lo poco que me queda de estar en ese curro y que tengo que mirar las ultimas paginas del periódico para ver como está el mundo de la cocina.
En las chupis tareas de hoy tengo que ir a las oficinas de mi antiguo trabajo para buscar el papel de la declaración,- ¿de independencia?,- no, de la renta, eso llamado hacienda, esa cosa que todos tenemos que pagar y no tenemos muy claro por qué si cada año seguimos siendo pobres, ahhh coño, claro, era por eso.
Al entrar en la oficina de recursos humanos de mi anterior empresa me pongo a pensar a la vez que me entran ganas de vomitar, ¿Quien se invento eso de recursos humanos?, no he llegado a conocer a ningún ser humano en todos estos años, venga ya hombre, me cago en vuestras putas madres.
Después de equivocarme de puerta y acabar en una caldera extraña de un hotel, por fin doy con la verdadera puerta de la oficina. ¿No había otro sitio libre para poner una oficina para el personal que no fuera también dentro de un puto hotel de mierda?. Me acerco al mostrador, es como una barra, las oficinas son como un bar pero son oficinas, nunca he entendido muy bien lo de la barra en medio, tendrán miedo a que el personal muerda a los oficineros. que trabajo más triste ser oficinero,....es solo un apunte.
Les pido mi papel a los chicos de la oficina. Una señora con la cara arrugada y cuerpo flácido me dice que ese papel no lo tienen en las oficinas, me dice que está en el hotel;- mierda, joder, tendré que pasar por mi antiguo hotel, veré de nuevo a esa...mmmmm, ¿guarra?. Esa gran señora que cobra una buena pasta pero siempre lleva la misma ropa.
Entro por la puerta del hotel y es como pasar por una puerta mágica del tiempo, como en esa película “Estargay”. Entrar en el hotel es como entrar en el hotel en los años 60, 70, 80 y ahí se quedaron, en esa estética tan poco guai. La música de barco invade mis orejas peludas y me acerco hasta la otra barra, la de la recepción. La directora está hablando con una pareja de alemanes setentones, con el pelo blanco, vestimentas amarillas y colores crema, como todos los alemanes del planeta de esa edad con esvásticas tatuadas en sus brazos. La directora termina de hablar con los alemanes; nuestras miradas se cruzan y se funden en un solo uno,- un no sé qué dulce y chispeante como una patada en los cojones; claramente ella no tenía ganas de verme, yo lo mismo. No hay abrazos, ni besos, ni un ,- ¿cómo estás?, pues yo te veo igual de mal y todas esas cosas.- cuanto te hemos echado de menos todos estos meses que has estado fuera, joder, esperamos ansiosos que vuelvas a trabajar con nosotros, esto tenemos que hablarlo. No nos querrás dejar todo el verano sin tu presencia tan maravillosa. ¿por qué no pasamos a mi despacho y me comes un poco el coño en posturas diferentes a cual más complicada encima de mi escritorio?.
yo: Lo siento pero es que tengo un guevo de cosas que hacer hoy, vengo a por mi papel para la declaración. - La muy puta se pone en la búsqueda de el puto papel entre un millón de papeles que saca de un cajón,- pasa sus dedos a gran velocidad, practica supongo, del millón de pajas que ha tenido que hacer para estar en el puesto de directora de un hotel de mierda. - Me dice que el puto papel no está, que vuelva a las oficinas porque el papel tiene que estar allí,- pero es de allí de donde vengo le digo yo a ella con mi poca sangre. Salgo del hotel con las manos vacías y la tristeza en los pies, en dirección a la puerta veo la entrada de la puerta del comedor, en ella está un triste camarero preparando extraños batidos o yo que se que cojones en una extraña maquina de color naranja; por un momento me imagino yo en su puesto, fugaces segundos amargos destrozan mi felicidad pasajera. Vuelvo de nuevo a las jodidas oficinas de los cojones y allí me dan una jodida puta copia del papel de mierda de la puta declaración de los putos cojones. Salgo de las oficinas y voy al curro dirección aeropuerto, escucho música de esa de rock ruidoso de artistas que se suicidan en la ducha antes de los treinta. durante el viaje pienso en lo poco que me queda de estar en ese curro y que tengo que mirar las ultimas paginas del periódico para ver como está el mundo de la cocina.

Spiderman3 dijo
Bonito mundo
24 Mayo 2007 | 12:25 AM