Miedo y asco en Soller

Digamos que la tía anciana de Soller pasa sus días encerrada en casa esperando la llegada de la muerte. Digamos que sus dos sobrinas las herederas la van a ver de vez en cuando, para hacerle los recados, la compra semanal, quitar el polvo de la inmensa casa de cuatro plantas que un día piensan heredar. La anciana tía de Soller pone mala cara cuando ellas van a visitarla, la tía pone su cara de enferma para que las dos hermanas estén mas pendientes de ella. La tía de Soller paso una pequeña temporada de 24 años en Francia y por eso tiene el acento bañado de erres y parece un pato cuando habla. Habla un extraño mallorquín, un indescifrable castellano, piensa en francés y tiene algunas revistas de cotilleo dentro de un oxidado revistero al lado de unas sillas de madera carcomida. En esas revista se habla de los últimos ligues de Lady di,- tienen algunos años esas noticias. Las hermanas herederas suben los domingos a visitar a la vieja anciana de setenta años pero con aspecto de ciento veinte con un buen aspecto rosado en los mofletes. Hace pocos meses la abrieron en canal como si fuese una vaca para intervenirla del corazón y colocarle una válvula de titanio que durara doscientos años. Le dieron dos válvulas a elegir para ser colocadas en su corazón. La de plástico, igual de chula pero con menos durabilidad, un par de años de garantía y vuelta al quirófano para colocarle otra, cien mil pelas. La segunda, la válvula de titanio, indestructible, garantía de doscientos años, ni un camión con remolque podría aplastar esa válvula, un millón de pelas. La idea de la válvula de titanio indestructible no hace mucha gracia a las herederas que esperan heredar en pocos años. Se
imaginan a la anciana de Soller viviendo doscientos años mas gracias a la nueva válvula a prueba de camiones. En la visita de hoy una de las hermanas ha entrado en la cocina para preparar el té y ha notado un extraño olor a gas que provenía de la bombona. Exactamente un escape de gas de la goma que esta conectada a la bombona de butano. Las hermanas se han asustado y enseguida han ido a avisar a la tía que en ningún momento ha olido a gas por ninguna parte por culpa de su resfriado que lleva arrastrando desde hace 14 años. Nos podemos imaginar a la anciana esta semana tranquila sentada en su mecedora con todo ese escape de gas en la cocina, la casa explotando a los bestia dejando solo en pie la válvula de titanio encima del revistero calcinado. Un agente de policía recogería la válvula humeante con pinzas delante de las hermanas herederas preguntándose el porque de las cosas y por que a veces es tan extraño todo. Pero eso no va ha suceder porque las hermanas herederas enseguida han actuado con decisiones adultas y han ido en busca del marido de la vecina que es un manitas. El vecino es el clásico chapuzas que se llama “Tomeu” o “Bernat”, - también de ciento ochenta años de edad, el pantalón recogido con un cinturón marrón a la altura del cuello y una simpatía digna de un calido domingo de invierno en el acogedor pueblo de Soller.
