Esa niñata quinceañera

Ella sale cada mañana por el portal con sus coletas y su falda, la miro y me siento sucio, me siento mal, yo no debería hacer estas cosas. Debería concentrarme en mi mujer, mis hijos, mi trabajo y en la limpieza de mi coche los domingos. Me paso todo el día en la ventana haciendo como que hago algo para no levantar sospechas. ¿pero que cojones se puede hacer todo el día asomado a la ventana si no es para vigilar a la vecina quinceañera que viene del colegio?. Mi hija pequeña es un callo con granos y me pregunta que hago todo el día mirando por la ventana. Le contesto que yo una vez quise ser pintor y por eso me gusta ver las fachadas de los edificios, pensando desde que edificio me podría tirar por no haber sido un buen pintor abstracto. A las 3 de la tarde ella vuelve del instituto, otra vez acompañada por sus coletas. Bajo enseguida a tirar la basura aun sabiendo que no hay que tirarla hasta las ocho. Todo por poder cruzarme con ella. Si no llego a verla siempre me quedara el olor que deja en el ascensor. El madito ascensor esta ocupado por alguna maldita puta viejo o algún vecino sin piernas. ¿por qué no ponen a esta gente en el sótano?,- pienso todo esto con mucha mala leche mientras corro los 8 pisos escaleras abajo, sudando como un cerdo, mojando mi camisa del corteingles con la única intención de poder cruzarme con ella y decirle unas palabras. Un triste hola y hago como que agacho la cabeza y no le presto mucha atención para luego girarme y verle el culo y las coletas. pero como puedo ser tan cerdo teniendo a mi mujer cada noche en mi cama. Nadie había visto bajar una bolsa de basura a tanta velocidad. Restos de pescado, unas latas de atún aceitosas y algunos tampax dentro de una bolsa de capbravo. Por fin llego a la entrada del edificio. Ella esta en la puerta haciéndose la interesante con un amigote suyo con una moto de mierda. Pienso, ¿cómo puede flipar con un niñato solo por una puta moto?. Si yo tengo coche, la podría llevar a cualquier lado con mi coche, la podría sentar a mi lado y podría pasarle la mano por los muslo levantando así su falda de cuadros. Este tipo de cosas son las que jamás le haría a mi mujer. Mi mujer no esta mal, estamos juntos hace once años. Pero siempre es mi mujer, es la misma cada día. Mas gorda, mas anodina con sus dientes amarillos y sus pelos en las piernas, nunca dice nada interesante, siempre le duele la cabeza, siempre se queja por todo, siempre esta con la puta de su madre. La vecina quinceañera es todo lo que yo deseo, tan especial, tan frágil, tan tonta y con tanta información que poder meter en su joven cerebro. Podría hablarle de arte todo el tiempo y chorradas así, solo para que vea lo inteligente que soy. Me ha visto. Gira su delicioso cuello y hace como que no me ve, para hacerme sentir pequeño e insignificante, lo mismo hace mi jefe pero sin excitarme. Yo me dirijo hacia la puerta y hago lo mismo, la putada de todo es que llevo la asquerosa bolsa de basura que no me da ningún rollo. Veo un carrito de bebe aparcado en el hueco de la escalera y meto la bolsa dentro. Sé que esto puede sonar muy mal, pero ni la madre ni el bebe están. Hacer esta mala acción me salvan la jugada. Abro mi buzón para no llamar mi desesperada atención. En el buzón solo hay propaganda de restaurantes japoneses a los que en nuestra puta vida se nos ocurriría llamar y otras cartas del banco que me dicen que tengo que pagar un montón de cosas. Yo hago como si mi correo fuese súper interesante. Cosas secretas, archivos súper delicados que me envía el gobierno para que yo busque códigos secretos y así evitar posibles accidentes de aviones que se estrellan en torres gemelas. Creo que estoy haciendo demasiado tiempo delante del buzón no haciendo nada. El amiguito de mi vecina creo que me ha pillado y ahora se ríe de mi. Creo que le esta diciendo algo a ella, algo que no puedo escuchar porque las puerta esta cerrada. Parece que nunca valla a despedirse de el. Tendré que salir fuera. Pero me he quedado sin excusa. Recojo de nuevo la mal oliente bolsa de basura y salgo a la calle dirección contenedor. Tengo que pasar por delante de ella. El me da igual, se que algún día morirá y todo lo que pueda pensar de mi se olvidara con su extinción. Pero ella, ella lo tiene todo en un momento y parece que no tenga nada a la larga, parece que lo pueda dar todo y luego salir corriendo. Por ella me encierro muchas veces en el water y hago como que me la casco cuando en realidad estoy escribiendo bellos poemas de amor en diminutas libretas de cartón. Por ella soy un poeta y un bufón, y Riki Martín. Tiro la basura e intento hacer como que soy alguien súper interesante tirando la basura. No sabia que eso se podía hacer hasta que lo he hecho . Ella me mira de reojo, solo unos segundos. Ese cruce de miradas es un gran regalo para alguien tan desgraciado como yo. Vuelvo a entrar en el edificio pasando por su lado, la saludo, le digo hola,-¿ que tal?,- y ella me responde que esta muy bien, y que sorpresa verme tirar la basura. Yo le digo que me gusta tener la casa limpia y ordenada. En ningún momento menciono que es mi mujer la que me obliga a tirar la puta basura, en ningún momento le menciono cuantas veces he sobornado a mis hijos por el mando de la tele para que bajen la basura. En este saludo tengo que aparentar que soy una persona solitaria y súper interesante que vive en un estudio lleno de cuadros a medio terminar con libros de arte por el suelo. Ella me dice.- ¿y tu mujer como esta?. Coño,- joder, todo esto no era necesario. No le contesto, me meto en el ascensor, sin su olor. Sin ella, sin sus trenzas, ni sus mulos, ni sus pechos recién hechos, ni sus labios de fresa ni nada. Entro en casa, me encierro en el water, cojo papel de water y un poco de jabón para que resbalen mis pensamientos. Soy un cerdo, me da igual.